¿Cómo afecta el divorcio a la salud de tus hijos?

Baja autoestima, imsomnio, cambios de carácter o problemas para relacionarse son solo algunos de los efectos que el divorcio puede tener en los niños. Hoy te explicamos porqué tu hijo puede estar teniendo estos síntomas y cómo evitarlos.

 
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Los efectos del divorcio en los niños

Hace unas semanas publicábamos un artículo titulado "Mamá, Papá, me estresáis" en el que os hablabamos de como las malas relaciones y las discusiones entre los progenitores pueden afectar más a los niveles de estrés de los hijos que el propio divorcio. En ese artículo vimos como a corto plazo los niños podían experimentar picos de estrés al presenciar una discusión de sus padres o simplemente al hablar de la relación conflictiva entre ellos, pero dejábamos abierta una incognita: si los hijos tienen picos de estrés tan pronunciados en una sola interacción, ¿Cómo puede afectarles estar sometidos de manera habitual al estrés que le provocan estos conflictos parentales? ¿Son solo síntomas puntuales o pueden causar daños permanentes? ¿Qué influencia puede tener el conflicto entre los padres en la salud física y mental de los hijos? 

1. Cómo afecta el divorcio a la salud mental de los hijos

El estrés sufrido durante el divorcio puede tener un importante impacto en la salud mental de los hijos. Según indica la National Alliance for the Mentally Ill aproximadamente el 21% de niños entre nueve y diecisiete padece algún problema mental diagnosticable de los que casi la mitad se relacionan de manera directa con crisis en el ámbito familiar. El divorcio de los progenitores incrementa las situaciones de estrés que los hijos deben soportar y con ello aumentan las posibilidades de que los niños sufran problemas psicológicos o psicosomáticos, así como de ser diagnosticados de enfermedades mentales más graves como ansiedad, trastorno de adaptación o depresión.

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1.1 Problemas psicológicos

Los síntomas psicológicos son los más comunes en niños con padres en proceso de divorcio o separados recientemente. El primer año desde la separación de los progenitores suele ser el periodo más duro para los niños. Por ello, en esta etapa muchos niños experimentan cambios en su forma de comportarse o de relacionarse con los demás y con el mundo que les rodea. Es frecuente que se vuelvan más irritables o agresivos en el colegio o instituto, que baje su rendimiento académico o que  presenten problemas de conducta. Son habituales reacciones como:

  • Enfado. Los preadolescentes y adolescentes son los que tienen mayor tendencia a mostrar frustración y enfado ante el divorcio de sus padres. Muchos adolescentes se encierren en sí mismos y su vuelven más fácilmente irritables y agresivos con sus progenitores o cambian radicalmente su comportamiento. Es frecuente que cambien su modo de vestir, de hablar o que empeoren sus notas.  
  • Irritabilidad o cambios bruscos de actitud. Los niños más pequeños tienden a experimentar cambios bruscos de humor durante el divorcio. Se enfadan con facilidad o tienen una reacción exagerada cuando se les regaña o cuando se enfadan. Dan gritos, lloran o tienen pataletas. Otros se muestran callados, solitarios o se aislan.
  • Baja autoestima. Es habitual que los hijos experimente sentimientos por los que se sienten “frustrados” o "inútiles" por no ser capaces de encontrar una solución al conflicto entre sus padres, las dos personas que más quieren en el mundo. A menudo este sentimiento se junta con el sentimiento de culpabilidad afectando a su autoestima.
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  • Culpabilidad. Un sentimiento que acompaña a muchos niños durante el divorcio de sus padres es la culpabilidad. Los hijos se sienten responsables del conflicto interparental y creen que ellos son el problema. Este sentimiento de culpa se acentúa cuando los padres discuten constantemente en presencia de los hijos sobre cuestiones que atañen a éste como las horas de  entrega, la ropa que lleva el niño en la maleta de fin de semana o quién paga las clases de inglés. 
  • Descreencia o desilusión. Algunos niños comienzan a desarrollar pensamientos negativos sobre la vida o las relaciones: creer que nada merece la pena, perder las ganas por hacer las cosas, dejar de creer en finales felices... Otros niños incluso piensan que si sus padres se han dejado de querer es posible que también dejen de quererlos a ellos. Estos sentimientos de desilusión pueden acentuarse cuando uno de los padres priva al niño de contacto con el otro progenitor.
  • Desobediencia o iniciación temprana en consumo de alcohol. Los adolescentes de padres separados son más propensos a experimentar el consumo de alcohol o tabaco a edades más tempranas, quizás como "escape" a la situación que están viviendo en casa. 
  • Aislamiento social. El niño se aparta de sus compañeros en el recreo, no quiere jugar, se encierra en su habitación...

Estos sentimientos o reacciones son normales cuando se atraviesa una situación de crisis como es el divorcio de los padres y normalmente van disminuyendo progresivamente a medida que el niño se habitúa a la nueva realidad y se acostumbra a no ver a uno de sus progenitores todos los días, a tener días pautados de visita, a las dos casas, etc. Acudir a un psicólogo infantil puede ser de gran ayuda para que estas conductas no vayan a más y no afecten a otros ámbitos de la vida o la salud de los niños. 

1.2 Síntomas psicosomáticos: imsonio, dolor de estómago...

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Algunos niños no expresan externamente las emociones que les produce el divorcio de sus padres. Su conducta no cambia y siguen pareciendo los niños felices que eran antes de la separación, sin embargo presentan signos físicos que hacen sospechar que algo podría removerles internamente. Estos niños no varían su comportamiento, pero su cuerpo manda señales físicas de que algo no va bien. 

Insominio, dolor de cabeza o estómago constantes, diarrea, estreñimiento, asma, tartamudeo o comenzar a orinarse en la cama son algunos de los síntomas psicosomáticos más comunes. Si detectas alguno de estos síntomas en tus hijos te recomendamos que le lleves al pediatra para descartar cualquier posible afección física y pidas cita con un psicólogo infantil. Estos trastornos pueden causar verdadero sufrimiento a los niños llegando incluso a ponerles en riesgo de sufrir enfermedades mentales como distimia o trastorno de adaptación si no se tratan a tiempo.

1. 3 Mayor riesgo de enfermedades mentales

La separación, el cambio de casa, el cambio de colegio, ver menos a uno de sus pradres, las  discusiones por la custodia y todas los cambios que se producen en la vida familiar con el divorcio, generan en los hijos sentimientos de ansiedad y estrés. Este ir y venir de situaciones estresantes que acompaña a casi toda separación, hace que los niños experimenten subidas y bajadas constantes de adrenalina y cortisol (hormona del estrés) manteniéndoles en en una montaña rusa emocional que aumenta sus posibilidade de sufrir enfermedades mentales.

¿Por qué existe mayor riesgo de sufrir enfermedades mentales tras el divorcio?

Cuando los niños están sometidos a situaciones estresantes de manera habitual o por largos periodos de tiempo- como ocurre en el proceso de divorcio-, su cuerpo se va "desgastando" y se produce en su organismo lo que se conoce como carga alóstatica. La carga alóstatica consiste en un conjunto de modificaciones que el propio organismo implementa ante situaciones de estrés descontrolado o habitual para adaptarse y protegerse frente a ellas. En otras palabras, al igual que el pie hace callo o aumenta su curvatura para adaptarse al zapato, el cerebro cambia su estructura para autoprotegerse frente a los ataques constantes que les producen las situaciones estrantes. 

Las malas relaciones entre los padres y la falta de comunicación entre ellos puede traer consigo cambios en los hijos que pueden ser irreversibles, afectándo no solo a su crecimiento, sino también a su edad adulta. 

2. Como mitigar los efectos del divorcio en tus hijos

Tu papel como padre/ madre es muy importante durante el divorcio. La forma en que tus hijos se adaptan a los cambios depende en gran medida de la forma en que vosotros, los adultos, reaccionais ante el divorcio y frente a los niños. A continuación te damos unos consejos para mitigar los efectos del divorcio en tus hijos:

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  • No desprecies al otro progenitor en presencia del niño. Los niños son como esponjas y lo oyen todo, incluso cuando parece que no prestan atención. Despreciar al otro progenitor en conversaciones con una vecina, una amiga o un familiar en presencia de tus hijos puede colocarles en una situación incómoda. Los niños quieren tanto a su padre como a su madre y, al igual que a los adultos, les duele oir como se dicen cosas malas de alguien a quien quieren. 
  • Cuéntale las cosas, pero no todo. Los niños merecen estar informados del divorcio y de los cambios en la familia  pues son situaciones que les afectan de manera directa, pero no tienen porqué saberlo todo. Nada va a aportar a tu hijo saber que su padre o su madre no paga la manutención, que ha sido infiel o que prefiere ir al bar que pasar la tarde en el parque. Los niños no son tontos y cuando sea el momento y tengan edad suficiente comprenderán y elegirán por sí mismos. 
  • No les hagas elegir bandos. Los niños que se sienten atrapados entre sus padres tienen un riesgo mayor de sufrir enfermedades mentales como ansiedad y depresión. Como veíamos en este artículo los adolescentes son especialmente propensos a sentirse atrapados entre dos bandos durante el divorcio de sus padres. Una posible explicación es que los padres ya les consideran los suficientemente mayores para "aceptar la verdad" y suelen convertirse en confesores y consejeros.  No coloques a tus hijos en la posición de tener que elegir bando. Por más adultos que parezcan, siguen siendo niños.
  • No le uses de mensajero. Usa el Whatsapp, el email, o el teléfono para comunicarte con el otro progenitor, no a tus hijos. Los "dile a tu padre esto...", "dile a tu madre aquello..." solo cargan al hijo de la responsabilidad de hacer de mensajeros y, además, les transmiten la idea de que ellos son el problema y lo que genera las discusiones. 
  • Mantén una relación cordial con el otro progenitor. Por el bien de tus hijos debes evitar en la medida de lo posible las malas relaciones con el otro progenitor. Deja el resentimiento de lado.
  • No les conviertas en tus confesores. Tus hijos no son tus amigos. No les pidas consejos amorosos, ni les cuentes lo dolido que estás porque su padre/ madre te ha sido infiel. Esto carga a los niños con la responsabilidad de comportarse como adultos y les impide ser lo que deben ser, niños.
  • Mantén la rutina. No dejes que el divorcio cambie las rutinas y hábitos que tu hijo tenía adquiridos. Mantener las horas de sueño, la hora del baño, las comidas, etc... puede ayudar enormemente a mitigar el estrés de los niños durante la separación, especialmente en los niños de corta edad. 

Estos son solo algunos consejos, pero nadie sabe mejor que tú lo que tu hijo necesita. Lo harás bien y recuerda: Todo pasa, también el divorcio y tus hijos son más fuertes de lo que crees. 

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