Máma, papá me estresáis

¿Cómo afecta el divorcio a los hijos? 

 
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No es el divorcio, son los padres

Hace un par de semanas publicamos un artículo que fue muy criticado en redes sociales. El artículo en cuestión, titulado "10 mitos y verdades sobre la custodia compartida" analizaba las últimas tendencias de los tribunales españoles en la forma de enteder la compartida y mostraba cómo los argumentos tradicionalmente usados por los abogados ya no eran convincentes para los jueces. En ese artículo afirmabamos que, a ojos de nuestro Tribunal Supremo, la mala relación entre los padres no impide adoptar la custodia compartida y que los progenitores, en lugar de luchar contra ese régimen de custodia, lo que deberían hacer es esforzarse más por mantener una buena relación entre ellos, por el bienestar de sus hijos. Las críticas se sucedieron en forma de "a los jueces no les importan los niños", "eso demuestra que el interés del menor es lo último en lo que se piensa" y otros comentarios del mismo estilo. Y yo me pregunto ¿Es la decisión de los jueces la que está afectando tanto a los menores o es, en cambio, la incapacidad de los padres para comunicarse civilizadamente? 

El estrés del divorcio para los hijos

El divorcio es siempre una situación familiar desagradable para todos los miembros de la familia, pero especialmente para los hijos. Todos conocemos casos de niños cuyos padres se han separado recientemente que experimentan cambios de carácter, mal humor, apatía, bajada de rendimiento escolar, problemas de sueño o dolores de estómago. Hasta ahora se relacionaban estos síntomas con la separación de los padres, la ruptura de la unidad familiar y el cambio de rutinas que el divorcio suponía para los niños. Sin embargo, un reciente estudio sugiere que no es el divorcio, sino los padres, los que están provocando estos efectos adversos en sus hijos.

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El novedoso estudio realizado por la profesora Tamara D. Afifi de la Univerdidad de California da una vuelta de tuerca al análisis de los efectos del divorcio en los hijos al introducir en la ecuación no solo en los síntomas psicológicos, sino también en las respuestas fisiológicas que se producen en los hijos como consecuencia del divorcio, es decir, las reacciones físicas que provoca en el cuerpo de los niños la separación de sus padres y el conflicto inter-parental. 

UN POCO DE TEORÍA

  • El cortisol es una hormona que actúa como neurotransmisor en nuestro cerebro. Esá considerada como la hormona del estrés y la produce nuestro cuerpo ante situaciones de tensión.
  • La alfa amilasa salival (sAA) refleja la actividad del sistema nervioso simpático y se considera un marcador biológico del estrés psicológico.

El estudio se centró en analizar el estrés que estas situaciones generan en los hijos, para lo que se midieron los niveles de cortisol y alpha amilasa salival (sAA) de más de cien niños -de padres divorciados y de padres no divorciados- a los que se pidió que hablasen sobre el divorcio, la relación entre los padres o cualquier otro tema conflictivo en la familia. El experimento se desarolló en tres fases:

  1. Los niños contestaron a una encuesta inicial en las que se le hicieron preguntas sobre la relación con sus padres, el divorcio, y sus sensaciones generales con respecto a ambos (ej. "¿Crees que tus padres se llevan bien y son capaces de arreglar sus diferencias sin discutir?" ¿Con qué frecuencia te sientes "atrapado" entre tu padre y tu madre?" "¿Sientes que eres desleal a alguno de tus padres?")
  2. Diálogo o discusión entre el niño y uno de sus padres sobre el divorcio o algún conflicto familiar
  3. Encuesta final en la que se les hacían las mismas preguntas que en la encuesta incial, pero referidas a la discusión que acababa de tener.

Durante cada una de las fases se tomaron varias muestras de saliva de los niños, para medir cómo sus niveles de estrés se comportaban en la interacción con sus padres y el tiempo de recuperación que sus cuerpos necesitaban para volver a la normalidad tras la discusión.

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Los resultados fueron los siguientes:

Los niños que mostraron niveles cortisol y sAA más bajos fueron aquellos cuyos progenitores tenían mejor relación y más capacidad de diálogo, sin que hubiese diferencias entre los hijos de padres separados y los de padres aún casados. Sin embargo, cuando los padres tenían una relación conflictiva y pocas capacidades para resolver los problemas, los niveles de cortisol y sAA mostraron subidas y bajadas más pronunciadas, con picos en los niveles de estrés. 

Nivel de sAA: padres conflicto vs padres comunicativos

Gráfico extraído de "The influence of Divorce and Parent´s Communication Skills..."- Tamara D. Afifi

Los niveles de estrés de los niños de padres en conflicto aumentaban ligeramente durante la discusión, bajaban a los 20 minutos y, sorprendentemente, volvían a subir pasados 40 minutos desde la interacción con su progenitor. Por el contrario, los niños cuyos padres eran más comunicativos experimentaron un ligero aumento inmediatamente después de la conversación, lo que es normal en situaciones estresantes, pero luego sus niveles de sAA fueron bajando progresivamente, sin volver a subir.

Esto quiere decir que, cuando los padres tienen una relación conflictiva, los hijos tienden a tener mayor control del estrés durante el conflicto, pero presentan más problemas para gestionar ese estrés a medio- largo plazo, viviendo en una especie de montaña rusa emocional. Dicen los estudios que esta reacción tardía puede deberse a la rumiación o lo que es lo mismo, a que los niños se evaden de la discusión en el momento en que ésta se produce para así autoprotegerse y no provocar más conflicto entre sus padres, pero pasado un tiempo vuelven a pensar en ello. Sin embargo, en su intento de evitar el conflicto y bloquearlo de su mente, ocurre el efecto contrario y les viene a la cabeza constantemente, como cuando intentas no pensar en la dichosa canción y te sorprendes a ti mismo cantándola mentalmente una y otra vez...

No eres tú, no eres tú, soy yooooooooo

Otro factor que influye en la respuesta de estrés en adolescentes e hijos jóvenes es que muchas veces se convierten en los confesores de sus padres, quienes les cuentan desde las infidelidades del otro hasta los problemas sexuales del matrimonio o les piden consejos. Esto hace que los hijos estén siempre preocupados por sus padres y hagan suyos los problemas que, en realidad deberían resolver los adultos. Curiosamente, los investigadores observaron que existe una correlación entre el sentimiento expresado por los adolescentes de sentirse "atrapados entre sus padres" y el cortisol, al contrario, esta relación no se observa en los adolescentes de padres separados. 

Soy yo.... soy yo... (coro)
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En conclusión se podría decir que, aunque el divorcio puede tener muchos y diferentes efectos en la salud de los niños tanto a corto como a largo plazo, las diferencias entre los hijos de padres divorciados y los de padres no separados ante situaciones de conflicto familiar son relativamente pequeñas y dependen más de circunstancias individuales como la edad del hijo que del divorcio en sí mismo. El verdadero factor determinante en como los hijos van a reaccionar psicológica y fisiológicamente al divorcio es la capacidad de comunicación de los padres, tanto entre ellos como con los niños. Adicionalmente, la forma en que cada uno de los progenitores tiene de relacionarse con sus hijos y la comprensión y el apoyo que les brindan han demostrado ser de gran ayuda para mitigar los efectos de divorcio en los niños (The consequences of divorce for adults and children). 

A la vista de los resultados, os vuelvo a formular la pregunta con la que daba inicio a este artículo ¿Es la decisión de los jueces de acordar la custodia compartida la que está afectando a los menores o es, en cambio, la incapacidad de los padres para comunicarse civilizadamente? Espero vuestros comentarios.

Aquí lo que dice el Tribunal Supremo al respecto:

Si la mera constatación de no ser fluidas las relaciones entre los progenitores fuese suficiente para denegar
la guarda y custodia compartida, se lanzaría un mensaje que iría en contra del interés del menor, pues lo que
éste exige es un mayor compromiso de los progenitores y una mayor colaboración, a fin de que los efectos
de la crisis matrimonial afecten lo menos posible a los hijos y la situación familiar se resuelva en un marco
de normalidad. [...]lo que es indudable es que la conflictividad no está en función del régimen que se elija, pues sea uno u otro, la recogida y entrega de la menor existe, y sólo el compromiso y seriedad de los progenitores la pueden evitar.
 


Para terminar quiero daros un consejo. Como digo siempre a mis clientes, mantén a tus hijos al margen. Los niños no son tus amigos, no son tus confesores y tampoco tus consejeros, son tus hijos. Tu deber es protegerlos. No les fuerces a tomar partido, no les obligues a posicionarse y, sobre todo, no generes en ellos sentimientos de odio hacia el otro progenitor, porque puedes dañar a quién más quieres sin incluso darte cuenta y, como os explicaremos en otro artículo, de manera irreparable. 

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